Política exterior Argentina

Por William Jacobo

Ni aún el más extremo nacionalismo llevaría a afirmar que la política exterior argentina ha tenido coherencia y continuidad en el tiempo; si bien la historia registra algunos logros, ellos se han debido  siempre a factores fortuitos, accidentales, o a esfuerzos o actitudes aislados y ponderables.

Mucho menos es dable creer que alguna vez las relaciones exteriores hayan constituido una política de Estado; es suficiente comparar, en tan sólo dos décadas, las actitudes contrastantes del gobierno de Carlos Menem con EEUU y Cuba, con las que con esas mismas naciones mantienen las autoridades actuales. Y tengamos en cuenta que se trata de gobernantes argentinos que provienen del mismo partido.

Pero aún conociendo esto, no dejan de sorprender las posturas superficiales de la Argentina en el conflicto con las pasteras de radicación uruguaya. A la insustancialidad del primer planteo (los jueces de La Haya estimaron, como era obvio, que las razones esgrimidas  -o el menear de una cola, aunque se tratara de la de una reina de belleza-  no justificaban el planteo argentino), se suman ahora las expresadas por nuestro canciller en Gualeguaychú, cuando justificó los cortes de ruta (y según informaciones publicadas estos días así se hará saber en una nueva presentación al tribunal de La Haya) efectuados por los asambleístas-piqueteros, postulando que la libertad de expresión está por encima del derecho a la libre circulación, y en consecuencia no es posible controlar tal accionar.

De esta manera el ministro Taiana y el gobierno al que pertenece han superado con creces a sus predecesores: no solamente se contradice la Constitución nacional, por otra parte tan poco respetada, sino que se delega el ejercicio de las Relaciones Exteriores en el poder de grupos de ciudadanos.

Cosas de la "nueva política".

Cosas del "país en serio".

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